jueves, 25 de junio de 2015

SÍNDROME DEL AULA VACÍA

Ya se acabó todo.  He entrado en el aula y aún reconozco vuestra voces, las risas inusitadas, los miedos pasados, las lágrimas, las esperanzas, las caricias aprehendidas. Me pongo a trabajar, debo seguir rellenando informes, pero no puedo dejar de mirar cada una de las sillas y las mesas. Tienen tatuados vuestros nombres y la personalidad que os define.  Pasasteis de ser meros nombres en un papel frío a personas a las que quiero y de las que he aprendido mucho.  ¡Cuántas anécdotas! ¡Cuántos gritos! ¡Cuántas ilusiones ensartadas! Septiembre nos trajo la presentación. Octubre el descubrimiento. Diciembre la primera comida de familia. También los primeros disgustos y alegrías,  había que seguir creciendo. Enero la alegría del reencuentro. Febrero el orgullo de sentirnos andaluces. Marzo el análisis de quiénes somos. Abril las notas y la carrerilla de hay ¡que conseguirlo! Mayo los calores y el nacimiento del amor y el desamor. Junio la recolecta de todo lo acontecido y el adiós. Para vosotros será un año más de los muchos que os quedan por vivir. Para mí, la inmensa fortuna de haber sido testigo, en primera línea, de vuestra transformación en adolescentes. Nunca seréis iguales. Habéis crecido lentamente y me habéis hecho partícipe de las primeras huellas que os marcarán como hombres y mujeres del futuro. ¡Ahí es nada! Gracias. A todos y todas. He recibido más del doble de lo que os he podido dar. A la vuelta del verano, habréis dejado, definitivamente vuestra niñez. Seréis unos muchachos y muchachas con otros intereses, pero en mi corazón, seguirán escritas las últimas bocanas de vuestra niñez. Aquí sigo, con mis informes..... Tengo el síndrome del aula vacía.   

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